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Los orígenes del fútbol femenino en Colombia

La selección femenina de Colombia se prepara para albergar la Copa América que inicia el 8 de julio.  /EFE

La selección femenina de Colombia se prepara para albergar la Copa América que inicia el 8 de julio. /EFE

Foto: Leonardo Muñoz

Es común fechar el inicio del fútbol femenino en Colombia en 2017 cuando se inició la liga profesional. Sin embargo, muchas veces se desconoce que esta consolidación se logró después de décadas de lucha de muchas mujeres dentro y fuera de la cancha. Luchas por profesionalizar una industria olvidada por el fútbol nacional, que irrumpió con tremenda fuerza a principios del siglo XXI.

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Varias regiones se destacan por sus primeros pasos en esta batalla. en conversación con El observador, Amparo Maldonado, pionera del fútbol femenino en Colombia, explicó que uno de los primeros partidos en el país se jugó en una exhibición en Cali en 1971, 46 años antes de que se jugara un partido en la liga profesional por primera vez en la historia. Allí, algunos futbolistas se dividieron en un grupo que representaba al Deportivo Cali y otro al América, Maldonado era el arquero de Empresas Azucareras.

En el surgimiento del fútbol jugado por mujeres, este partido amistoso fue el detonante de los primeros torneos. Ese mismo año, según la Caleña, se realizó en el Estadio Panamericano de Cali una competencia amateur en la que participaron 16 equipos de la región. En el Valle del Cauca se realizaron varias ediciones, con varias interrupciones en su ejecución, hasta que este grupo de jugadores finalmente organizó un equipo que disputó el primer torneo nacional oficial, realizado en 1991.

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Y al igual que Maldonado, Liliana Zapata, empresaria, exfutbolista, directora técnica y dirigente antioqueña, es una de las pioneras del fútbol femenino en Colombia. En declaraciones a este diario, aseguró que se interesó por los deportes, especialmente el fútbol, ​​desde muy joven. Cuando era niña, en la colonia Antonio Nariño, en la Comuna 13, jugaba pelota en la sala de su casa y escuchaba los encuentros del equipo de sus padres: Los Locos 107. Sin embargo, se destacaba por el talento que su familia veía no con buenos ojos que jugó al fútbol como los hombres y se unió al equipo de Envigado Papas Margarita. Unos años después, en 1991, fue convocada a la selección de Antioquia que disputó el primer torneo interligas organizado, lo que inició la transformación de la historia del fútbol femenino en el país.

“La historia del fútbol femenino ha cambiado luego de que Difútbol -la entidad encargada de organizar los torneos de fútbol amateur- decidiera realizar un torneo interclubes a nivel nacional. Casi 18 departamentos se dieron cita allí para disputar este campeonato. Ese fue un punto de partida decisivo para que empezáramos el fútbol femenino de forma federal y legal”, recuerda Zapata.

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Como jugador, Lilo, como se le conoce a Zapata, formó parte de la selección de Antioquia de 1990 a 2004, jugando en varios clubes de aficionados. Allá por 1998, Zapata, que es entrenadora de talentos, decidió hacer un llamamiento al fútbol femenino, en el que actuaban más de un centenar de niñas, y fundó el Club Deportivo Femenino, que desde el año 2000, cuando llegó el patrocinio de Formas Íntimas, fue llamado Club Deportivo Formas Íntimas. Desde entonces, el equipo se ha convertido en una base importante para las selecciones de Colombia en varias categorías, además de ser el equipo más victorioso en los torneos amateur que dio origen al fútbol femenino en Colombia.

Y mientras se gestaba esa revolución en Cali y Antioquia, Myriam Guerrero era la abanderada de esa lucha en la capital. Jugaba de defensa central. Fue capitana de la selección colombiana durante varios años. Gracias a una beca universitaria, entrenó fútbol mixto en Rusia y Lituania. Luego de una estadía en el exterior, llegó a Colombia en 1989 y chocó con la realidad allá, pues aún no era común que las mujeres jugaran al fútbol. Fue un shock, pero a pesar del complejo panorama, Guerrero comenzó a trabajar en el Club Deportivo Vida, llegando a dirigir a la selección de la Universidad Nacional en 1990.

En medio de tratar de entender los inicios de esta rama del fútbol en el país, surgió en la capital otra importante jugadora, Patricia Vanegas, quien como la mayoría de los futbolistas de su época, comenzó a jugar con niños y con un profundo amor por el fútbol. deporte. En medio de su incursión en la vida universitaria, se topó con un artículo periodístico sobre un torneo de fútbol femenino. La oportunidad le llamó la atención y tomó todas las medidas necesarias para hacer realidad su sueño. Vanegas pudo jugar en el equipo de la Universidad Nacional, aunque Guerrero dejó la línea técnica apenas un año después.

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Eventualmente, sin que él lo supiera, jugó un torneo multiequipo selectivo para el primer equipo de Bogotá para competir en ese conocido Torneo Nacional de Medellín. “Todo comenzó en 1991. La selección de Bogotá fue la base entre el Club Vida y la selección. Nuestro entrenador era Ramiro Alfaro y cuando llegamos a Medellín nos encontramos con jugadores de otros departamentos”. Todo se deslizó en ese momento. Mujeres de distintas regiones, cada una con sus luchas, se dieron cita en Antioquia para dar la primera patada que la historia les exigía.

Para Patricia, este torneo no solo se trataba de ver nuevos equipos, sino también de entender el fútbol de otra manera, ya que estaban allí representantes de Santander, Valle, Antioquia y Casanare. Y después de 1993 se integraron otros departamentos a la competencia. Un año después se realizó el torneo en Bogotá y los locales se alzaron con el título, victoria que fue muy importante para Vanegas ya que marcó un quiebre con la hegemonía que habían mostrado los conjuntos valle y antioqueños en las primeras ediciones.

Vanegas también siguió el camino de las demás pioneras y, como una de las goleadoras de la selección capitalina, fundó el Club Internacional, que se desarrolló de acuerdo a su visión a través de los viajes y patrocinios que recibió.

Y llegó 1997. En ese año, el equipo que ganó el torneo formó la base del primer equipo colombiano femenino en debutar en un torneo internacional: en 1998, la selección sudamericana de Mar del Plata (Argentina). Encabezada por Juan Carlos Gutiérrez, Guerrero, Luz Aydé Grisales, Sandra Valencia y Vanegas, quien anotó el primer gol olímpico de la selección, tuvo una destacada participación.

En este torneo, Vanegas pudo mostrar el sistema de juego que tenían las subcategorías en Argentina con fútbol masculino, femenino y mixto. Tras este viaje, su motivación dio un vuelco para formar equipo con modelos de otras latitudes. Debido a esto, su club se llamó Internacional. Este equipo contó con jugadoras que actualmente están marcando pautas, como Natalia Gaitán, Manuela Acosta, Natalia y Tatiana Ariza, entre otras. Fue allí donde comenzó a surgir la primera generación en llegar a una Copa del Mundo en medio de una absoluta precariedad institucional sin liga, equipo u organización. Fueron los primeros años de una recesión que dividió la historia en la década de 2010.

Aún hoy, Zapata sigue siendo la entrenadora juvenil del fútbol colombiano con su club en Antioquia y después de tantos años en ese cargo advierte: “Para que naciera el fútbol profesional femenino en Colombia, el fútbol amateur tenía que morir. Desconocían el trabajo de clubes como Formas Íntimas, Generaciones Palmiranas, Gol Star, Besser o Escuela Sarmiento Lora, por mencionar algunos”. Las luchas que han dado forma al fútbol actual.

Patricia y Liliana coinciden en que en esos primeros años se jugaba al fútbol de la mejor manera posible con los fondos disponibles. No se siguió ningún esquema en particular, sino que se jugó de acuerdo a las condiciones mostradas por los jugadores. No había referencias femeninas pero se asociaba más a los recuerdos de las jugadoras sudamericanas. Fueron los iconos que inspiraron a aquellas primeras generaciones.

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