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El último hombre y la final del fútbol colombiano (Opinión)

El portero es el único jugador que no puede cometer un error. Un delantero pierde una ocasión de gol y un minuto después puede tener otra y podría entrar. Un centrocampista defensivo está sujeto a los regates de un oponente y tiene defensores detrás de él que pueden cuidar su espalda.

Un central tropieza con un balón y detrás está el portero. Pero el arquero no puede fallar. Es el último hombre. El que guarda la línea de gol. Y si se equivoca aunque sea una sola vez, más vale que tenga un corazón de acero, porque será el blanco de todos y de los juicios más duros.

Y luego las cinco o diez atajadas que tuvo en el partido que ahogaron la suerte del rival son fechas fáciles de olvidar.

Alexánder Domínguez, portero de la selección ecuatoriana y campeón del mundo en Qatar durante cinco meses, vivió el pasado miércoles la noche más oscura desde que salvó al Deportes Tolima. En la final contra Atlético Nacional, según la opinión más despiadada, se marcaron uno, dos y hasta tres goles. Lo dejo como se comprometió, lo cual no es irrelevante para el resultado.

En el primer gol, Domínguez despejó un remate de Candelo y permitió el remate de Banguero. No atacó el balón y se mordió la nariz y eso no suele terminar bien como era obvio.

En la segunda, ese “bombazo” de Candelo en el minuto 71 que dio la vuelta al mundo por la tele, el mérito es de los que tienen el olfato, el atrevimiento, el talento y la precisión para atreverse, el portero para ducharse desde 59 metros. lejos. Pero eso no significa que Domínguez no tenga su parte de culpa.

Creo que se paró donde debía cuando su defensa estaba arriba, pero no supo dar un paso atrás, hacerlo rápido, calcular y saltar a pesar de tener 196 centímetros de estatura. Apenas se levantó del suelo, sin saber que un salto hacia atrás no es lo mismo que el cuerpo es propulsado hacia adelante, y por el único espacio que quedaba entre su mano y el larguero, entró el balón que cambió la historia del partido.

Gloria para Candelo e infierno para Domínguez.
Y en el tercero, con el corazón partido y la cabeza por otro lado, no redujo la penetración de Andrade al área penal, permitiendo que el ‘rifle’ ensanchara el arco para embocar el balón con tanta facilidad como si estuviera en un entrenamiento. Por supuesto, el extremo tampoco ayudó, pero el ecuatoriano estaba completamente fuera de juego y cuando la mente falla, el resto también.

El técnico Hernán Torres fue portero. Ya sabes cómo se siente Domínguez. En la rueda de prensa posterior al partido habló de sus errores pero también los apoyó. Pero desde aquella noche en el Atanasio, el entrenador del Tolima se encuentra abrumado, no se equivoquen, una duda que ya puede o no haber resuelto: ¿Domínguez o Cuesta para el duelo final en Ibagué?

Si mete hoy a Domínguez en el Murillo Toro, le lloverán todas las críticas a Torres por haber terminado condenando a su portero. Y si se lo pone, todavía tendrá comentarios en su contra porque sería un “brote” después de lo ocurrido en Atanasio. Con caras y con sellos pierde.

Estos cuatro días habrán sido clave para evaluar la situación. Él habrá hablado con Domínguez más que con cualquier otro jugador. Habrá mirado a Cuesta a los ojos para medir la confianza del hombre que empezó como titular en la Liga y para muchos no debería haber perdido su puesto. La única ventaja que tendrá el técnico para tomar una decisión es que también estuvo bajo los tres puestos como futbolista, ciertamente tuvo noches terribles y su instinto le dirá qué hacer en esos casos, antes de definir el once inicial. El resto solo se sabrá en el campo.

¿Domínguez o Cuesta? Pondría Cuesta a priori, ajeno a todas las circunstancias y desde la comodidad de mi escritorio.

Es más fácil interceptar a un delantero que pierde una oportunidad de gol que a un portero al que se culpa de la victoria en mitad de la final. El último hombre siempre estará condenado y de ahora en adelante necesita un juego de procedimiento, sin sentido, no una pelea por el título para recuperarse del batacazo. Hoy conoceremos cómo lo juega Torres.

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