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El fútbol extraña a Félix Tobalina a diez años de su muerte

Mediante: Ismael A. Cañaparo

El 10 de junio se cumplen 10 años de la muerte de Félix Tobalina, un gran crack del fútbol juninense y una persona excepcional en la vida. En definitiva, un gran hombre con todas las letras. Tenía 73 años.

La memoria generalmente se convierte en un engranaje frustrado que desobedece a la cronología cuando uno se dispone a escribir con gran tristeza y no poca nostalgia sobre la memoria de un amigo muy admirado y destacado astro del fútbol amateur local de todos los tiempos. Lo primero que salta a la vista, lejano pero no difuso, es su extraordinaria capacidad técnica, que llevó a inventar una forma de jugar y de acariciar el balón. Las habilidades que desplegó combinaron altas dosis de belleza y clase, en una época en la que había que estar dotado de otras cosas complementarias como la personalidad, el aplomo, la seriedad y el compañerismo para sobresalir. Fue un futbolista irreverente que se escapó de moldes y libros. Un jugador que no tenía apellido pitó en catalán su DNI. Si alguien decía “Félix”, ya se sabía quién era.

Rivadavia fue su fútbol en el mundo. Nunca más volvió a vestir una camiseta que no fuera la albiceleste. Comenzando de niño en la unidad formada en Casa Ayala, recorrió todas las secciones hasta llegar a la primera sección, siempre con el mismo mensaje de amor y trato amable con la pelota. Se aburrió de ser campeón con decenas de categorías, y en la más alta, la más alta, ganó varios títulos. ¿Alguno? 1964, 1965, 1968 y 1971. No le importaban los “resultados”, sino la forma de respetar una idea, la forma de jugar. Un estilo de juego insuperable. Tuvo grandes compañeros girando en torno a su asombrosa técnica: Rodolfo Chaparro, Osvaldo Nieva, Manuel Viaño, Manuel Walton, Ricardo Varela, Pedro Banegas, Raúl Guillotti, Mario Poratto, Pedro Martínez, Omar y Juan Frías, Iturbide, Gabrielli, Hugo Gómez y Zenon Flores, entre otros.

Era un futbolista irrespetuoso.

escapó del molde

y los libros un jugador que

no tenía apellido, lo que lo hacía único

Polla catalana a tu id

Uno de sus capítulos brillantes también lo tuvo con la chaqueta quitada. la Liga Atlético del Oeste, para el que fue elegido regularmente por los distintos entrenadores. En los años 60, por ejemplo, brilló en una formación canosa que hoy bien podría llamarse el “equipo de los sueños”: Pérez; Rebeca y Rizzi; Alberto Comisso, Néstor Caporaletti y Britos; Ricardo Giles, Omar Vargas, Horacio Barrionuevo, Félix Tobalina y Humberto Franchi.

extraña paradoja. Quizás Félix Tobalina fue el único jugador de proyección de Junín que nunca estuvo ligado al profesionalismo de Sarmiento, como lo fueron otros exponentes de enorme brillantez que se destacaron en otras instituciones locales. Solo una estadística, un detalle en medio de una agenda de gloria.

Los mejores momentos futbolísticos de Tobalina se vieron sin televisión ni radio, y los periódicos tenían poca opinión sobre el balance del juego en cada partido. Pero primero había que quitar el panel de “La verdad‘ para conocer los resultados de la cita del domingo y luego escuchar el comentario de Pepe Buono para ‘Publicidad Junín’, con su línea de locutores repartidos por las esquinas de Roque Sáenz Peña y Rivadavia. A pesar de la escasa presencia periodística, esto no invalidó los juicios de valor de las personas. El público sabía que Pinocho Ciarapica brilló en River, Velorio Giménez en Defensa, Ochoaizpuro en Ambos Mundos, Colorado Bisio en BAP, Juan Carlos Bozzini en Jorge Newbery, Abel Pardini en Mariano Moreno, Taqueta Barrionuevo en Sarmiento, Ricci en Villa. Y con eso todo.

sencillo, humilde, cuidadoso,

cuidadosa y dinámica, Tobalina

dibujó su vida sobre la base de

honestidad y pasión

A esa gran capacidad de conducción del balón sumó su buena llegada a la zona de definición, convirtiendo muchos goles. Como si eso no fuera suficiente, también era un privilegiado. Su libertad, que demostró en las canchas, su habilidad, su genio, su desparpajo, frente al más fuerte de los margraves, fueron un sello unánime del reconocimiento mayoritario del público, que siempre lo respetó incondicionalmente. En realidad, este vínculo no escrito era mutuo, simplemente porque Tobalina nunca traicionó sus creencias futbolísticas.

Con la muerte de Félix, se fue una de esas personas demacradas con las que era un placer tratar más allá de lo meramente deportivo. Sencillo, humilde, cuidadoso, prudente y dinámico, Tobalina vivió su vida basada en la honestidad y la pasión, sin dejar de mirar, escuchar y participar en espacios abiertos donde el trabajo era su única arma de deseo.

Es cierto que tras esta ingrata partida, la partida de Félix Tobalina es una ausencia muy dolorosa. Pero también hay que tenerlo en cuenta a la hora de convocar que futbolista canalla, regateador empedernido, auténtico producto del paddock, prototipo de belleza y en todo lo que se escriba de ahora en adelante, nunca dejará de ser un crack.

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