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Cumbre de la OTAN Madrid 2022: En autobús al lugar más seguro del mundo

Agentes de la Policía Nacional y la Guardia Civil vigilan los accesos a IFEMA. / EFE

IFEMA, el recinto madrileño que acogerá la cumbre de la OTAN hasta el jueves, está defendido por un perímetro de 3 kilómetros impenetrable para cualquiera que esté fuera del evento

Miguel Ángel Alfonso

Para llegar a uno de los lugares más restringidos y seguros del mundo en estos momentos es necesario primero armarse de paciencia y sobre todo tener la acreditación amarilla que te permite utilizar el autobús lanzadera que une la salida del Mar. de Cristal con IFEMA, sede donde se celebrará hasta este jueves la cumbre de la OTAN en Madrid. A su alrededor, las fuerzas y órganos de seguridad del Estado han habilitado una zona de seguridad de tres kilómetros, prácticamente impenetrable para los forasteros. Es el epicentro de la denominada “Operación Eirene”, la mayor operación policial de la historia reciente de España.

Para abordar este transbordador, debe pasar dos controles policiales. Primero, un perro que detecta explosivos olfatea a trabajadores y miembros de la prensa. Cámaras, portátiles, mochilas… nada se les escapa a estos perros. Más tarde, cuando acaba la larga cola -hay más de 2.000 periodistas acreditados y otros tantos azafatas, cocineros, camareros y demás personal-, los agentes de la UIP de la Policía Nacional vuelven a comprobarlo. DNI y Pasaportes literalmente se miran a través de una lupa. Todo para conseguir el semáforo en verde y acceder a la lanzadera azul, un autobús de la Empresa Municipal de Transportes del Ayuntamiento de Madrid con un cartel especial para la ocasión.

Nada se deja a la improvisación, España pone en peligro su imagen y tras un cuarto de hora de viaje por calles desiertas, los viajeros llegan a la entrada del recinto ferial, hoy más desierto que de costumbre ya que la cumbre tiene lugar en solo dos de los 9 pabellones de IFEMA , aunque todo el atrezo -con un coste de 35 millones de euros- ocupa 54.000 metros cuadrados. La sensación es entrar en un castillo fortificado, porque dentro el visitante se enfrenta a otro control más completo que el de un aeropuerto y donde se pide a los periodistas que enciendan sus dispositivos electrónicos si tienen explosivos escondidos en lugar de la batería.

Entre los periodistas hay coreanos, americanos, turcos, italianos, portugueses… Todos parecen un poco abrumados mientras caminan por el recinto cerrado de la primera parte de IFEMA. Para llegar al centro de prensa esperan unos diez minutos a pie, entre policías y restaurantes cerrados, que en otro tipo de eventos, serían más amables, llenos de visitantes.

café para todos

El espacio que acogerán los periodistas es enorme, con salas de edición para los canales de televisión y platós para los más importantes, como el de Televisión Española, que le ganó el partido a otros canales estadounidenses como CNN o CNBC, que cuentan con salas más modestas. En las largas mesas de la prensa escrita, dos elementos que, de no estar allí, dificultarían el reportaje: enchufes extra, contraseña de wifi y café gratis, toda la santísima trinidad.

La simple idea de volver a Mar de Cristal a buscar un lugar para comer queda completamente descartada después de este largo viaje. Todo lo que queda es el comedor del centro de prensa, que no es ajeno a la inflación. En su carta, los bocadillos y bocadillos cuestan entre siete y ocho euros. Si optas por un menú completo el precio es de 20,35 euros, para platos individuales hay que pagar 7,70 euros el salmorejo y 8 euros la ensaladilla rusa.

De pronto algo parece sacudir la tensa calma que envuelve la cumbre. Un enjambre de cámaras y micrófonos rodea la puerta principal de la gran sala. Son el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, rodeados de una numerosa comitiva. El primero sirve de guía al segundo, mostrándole la zona que albergará un pico que ambos describen como “crucial”.

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