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¿Aficionados al fútbol o delincuencia organizada? – El personal editorial

El problema de los “Barrabravas”, como se denomina a quienes se comportan como delincuentes comunes, es como una epidemia que contamina el deporte paraguayo. Sus acciones se han incrementado debido a la relativa impunidad de sus miembros. Puede decirse que los hechos de violencia cometidos por los “Barrabravas” continúan planteando un problema de orden público insoluble. El amor por el club y por el fútbol solo les sirve de excusa para dar rienda suelta a sus bárbaros impulsos. En realidad, son delincuentes que, estimulados por el consumo de alcohol o drogas, muestran su notable agresividad tanto dentro como fuera de los estadios.

El problema de los “barrabravas”, como se les llama, que en la mayoría de los casos se comportan como delincuentes comunes, fue como una epidemia que contaminó el deporte paraguayo, como ha ocurrido y ocurre en distintos lugares del mundo. Su accionar ha crecido debido a la relativa impunidad de sus integrantes, ya que luego de los excesos cometidos son encarcelados por un tiempo relativamente corto, para luego volver a sus viejas costumbres. Pocas veces el Poder Judicial los ha condenado con penas ejemplares, como las de 16 y 15 años de prisión impuestas en 2013 a dos “barras” de Cerro Porteño que le dispararon en la cabeza a otro de Olimpia, y esta semana con una condena de nueve años a otros cinco de los mismos clubes que libraron una batalla abierta en la Secretaría Nacional del Deporte en 2019 que se saldó con un muerto, heridos y varios daños. Este triste episodio se saldó con 157 reclusos.

Puede decirse que los hechos de violencia cometidos por los “Barrabravas” continúan planteando un problema de orden público insoluble. El amor por el club y el fútbol solo les sirve de excusa para dar rienda suelta a sus impulsos bárbaros, que a menudo dirigen contra aficionados de su propia convicción, como sucedió incluso en un partido extranjero. En realidad, son delincuentes -muchos de ellos menores de edad- que, estimulados por el consumo de alcohol o drogas ilícitas, despliegan su notable agresividad tanto dentro como fuera de los estadios.

Para tener una idea de lo que vive tanto la gente pacífica que acude a los estadios como los vecinos de las zonas afectadas por los disturbios provocados por los violentos, cabe recordar que el último de los episodios de Delincuentes repetidos en el mundo. del “deporte” consistió en el ataque a tiros perpetrado en Lambaré contra cerrista “barrabravas”, presuntamente en represalia por el atentado perpetrado la víspera contra la sede del club Olimpia, en el que uno de los atacantes resultó herido de bala. Para advertir de la gravedad del clima creado por los fanáticos en la Gran Ascensión, vale la pena tomar nota de los testimonios de los consternados testigos presenciales. Uno de ellos comentó que “en general los de Olimpia que viven en Puerto Pabla están resguardados” y luego agregó que “vivimos con miedo”. Otro dijo que se escucharon varios disparos y que lo que pasó lo hizo “enojar” porque los vecinos estaban “muy sacrificados”. Es insoportable que los hinchas de un club consideren necesario tener escoltas que incluso se permitan dirigir el tráfico (!) y que una población ajena a sus trifulcas absolutamente irracionales se asuste o irrite.

Surge la pregunta ¿qué están haciendo la dirección del fútbol, ​​la policía nacional, el ministerio público y las secretarías nacionales del deporte (SND) y de la juventud (SNJ) para prevenir y contener la barbarie que se ha desatado una y otra vez? Quienes dirigen el deporte más popular no suelen ir más allá de unas palabras formales de condena a la actualidad. Mientras tanto, proporcionan entradas para los “hinchas organizados” que están cubiertos por la ley 1866/02: sus datos personales deben ser registrados por los clubes y comunicados a la policía nacional, siendo los establecimientos deportivos responsables solidariamente de los actos ilegales de los individuos. , cometidos en estadios y lugares públicos a 500 metros de los estadios del Gran Asunción ya 200 metros de los estadios del interior. ¿Un club o entrenador se ve afectado por las sanciones? No recordamos.

Incluso, el exviceministro del Interior Hugo Sosa Pasmor declaró que en realidad eran “criminales organizados”, mientras que el exministro Juan Ernesto Villamayor afirmó que ¡22 jugadores estaban forzando la movilización de 2.500 policías! Sin los “barrabravas” 150 serían suficientes. Asimismo, al finalizar el partido, los uniformados deben escoltarlos para que no sean atacados por sus rivales, por lo que una dotación tan numerosa es necesaria para garantizar la seguridad de los estadios y sus alrededores implica inevitablemente el levantamiento de la protección de otros. sitios La violencia que practican hoy los forajidos va mucho más allá de los espacios regulados por dicha ley y no se limita a los días de fútbol, ​​pues los “bares” incluso se alquilan para actos políticos, como se ha denunciado en Argentina, y no se puede descartar que lo mismo está pasando aquí.

Como se puede ver, el problema creado por estos inadaptados se extiende más allá de los eventos deportivos, dejando que los fiscales hagan mucho más de lo que hacen y procesen a aquellos que a menudo convierten los eventos que alguna vez fueron una diversión familiar segura en eventos reales. Los campos de batalla se han transformado con un equilibrio de vidas. .

En septiembre de 2019 se anunció la instalación de una de estas habituales “mesas de trabajo”, con representantes del Ministerio del Interior, la Federación Paraguaya de Fútbol, ​​clubes y asociaciones deportivas amateurs. Como era de esperar, no tuvo el más mínimo resultado. Ese es el problema. Si se sigue ignorando la gravedad de esta situación que se desarrolla, los eventos deportivos pronto se llevarán a cabo sin fanáticos, o más y más policías, que son muy necesarios en otros lugares, serán enviados para lidiar con delincuentes disfrazados de “fanáticos”.

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